agosto 18, 2011

Me mudé…

…a OcupacionesRaras.com.ar.

Desde hoy este blog morirá desangrado hasta desaparecer… mientras agoniza, otro le irá robando el nombre, el contenido, las ideas: irá bebiendo de su sangre.

Pero, como dicen, ladrón que le roba a un ladrón

agosto 10, 2011

Traiciones

Hoy me siento así…

LA HISTORIA COMPLETA DE LA HUMANIDAD DE LOS ÚLTIMOS 10000 AÑOS EN SIETE SEGUNDOS.

Flaco: ¡Hey! ¿Qué tenés ahí?
Gordo: Esta cosa de oro.
Flaco: ¡Puñalada!
Pibito: ¿Por qué hiciste eso?
Flaco: ¡Bah! era un tonto.

julio 28, 2011

Este tiempo

Este tiempoESTE TIEMPO es el nuevo disco de Liliana Herrero + Nueva, banda integrada por Ariel Naón, Mario Gusso, Martín Pantyrer y Pedro Rossi. Es un disco con un puñado de canciones de autores contemporáneos con los que un canto intenta dialogar. Entonces aparece la memoria de este tiempo porque no es la memoria pensada como una cantidad de eventos sumados sino como un desarreglo del presente por donde brotan restos de un naufragio. A través de estas repentinas rendijas que toda canción posee entrevemos los distintos sostenes de la identidad nacional y los pliegues de la memoria tenaz y exquisita de los pueblos. Este tiempo convulso y promisorio nos llama, a él nos entregamos en el acto de cantar que roza con lo ilimitado de la felicidad. Sigue leyendo
julio 20, 2011

Celebrarse

(Por Eduardo “Tato” Pavlovsky en Página/12)

En 1972, vivíamos juntos con el psicoanalista Emilio Rodrigué, en Libertador y Oro. Él se iba a su consultorio de Ayacucho muy temprano a la mañana en una bicicleta vieja que se había comprado, y volvía a la noche. Yo trabajaba en Esmeralda y Libertador, y la mitad de la semana iba al teatro Payró a actuar en mi obra El señor Galíndez y volvía tarde. La mayoría de las noches cuando llegaba lo veía a Emilio con alguna señorita en el sillón de nuestro living. Sigue leyendo

julio 20, 2011

Me lo contó un amigo

En una película representaban a los miedos de Bruce Lee como un guerrero gigante al que Bruce debió enfrentar y por fin terminar ahorcándolo con ayuda de un nunchaku, no sin antes haberle escapado durante largos años. De haber sido el director yo no hubiera elegido esa forma de describirlo. Es como si a Fangio vencer sus miedos le hubiese costado lo mismo que ganar un título de Fórmula 1. No es así. Domarlos requiere del valor y el empeño a la orden ambos de aprender una destreza que no es la más natural; es decir, dominar un arte en la que en principio uno no tiene nada que hacer. La actitud de desafiar los propios límites, de instalarse en el dolor espiritual y físico hasta acomodarse y disfrutarlo, de pedir ayuda a gritos cuando parezca necesario. Entonces, cuando al cabo de un buen tiempo de lucha se ha logrado alguna armonía, en los descansos de la gran escalera que siempre sube muy cuesta arriba, mirar por sobre el hombro, abrazarse a los compañeros (acaso ocasionales, acaso inseparables) y sentir la sangre vertiginosamente llenar las venas debe sentirse como un pequeño guiño de la providencia, pero ante todo, como un logro muy íntimo que revalide lo hecho y predisponga a lo que viene.

julio 14, 2011

Infeliz, pero interesante

[…] Lo que sí podemos asegurar es que los grandes pensadores de los últimos cien años no han destacado precisamente por su visión optimista de la vida. Tanto el nazi Heidegger como el gauchiste Sartre compartían un ideario existencial marcado por la angustia, cuando no por el agobio: el hombre es un ser para-la-muerte, una pasión inútil. La noción de felicidad les parecía —a ellos y a tantos otros— un término trivial, tramposo, inasible. Querer ser feliz es uno de tantos espejismos propios de la sociedad de consumo, un tópico ingenuo de canción ligera, el rasgo complaciente que degrada el final de muchas películas americanas, en una palabra: una auténtica horterada. Y solo hay algo más hortera o más vacuo que querer llegar a ser feliz: dar consejos sobre cómo conseguirlo. Cuanto más desengañado de la felicidad se encuentre un filósofo contemporáneo, más podrá presumir de perspicacia: la energía que ponga en desanimar a los ingenuos cuando acudan a él pidiendo indicaciones sobre cómo disfrutar de la vida servirá para establecer ante los doctos su calibre intelectual. Y sin embargo ¿acaso no es la pregunta acerca de cómo vivir mejor la primera y última de la filosofía, la única que en su inexactitud y en su ilusión nunca podrá reducirse a una teoría estrictamente científica?

El modernísimo Nietzsche aseguró en su Genealogía de la moral que lo de querer a toda costa ser felices es dolencia que solo aqueja a unos cuantos pensadores ingleses. Se refería probablemente, entre otros, a John Stuart Mill, quien fue precisamente el padrino de Bertrand Russell. Y hace falta sin duda ser heredero de todo el sabio candor y el desenfado pragmático anglosajón para escribir tranquilamente como Russell sobre la conquista de la felicidad, esa plaza que según algunos no merece la pena intentar asaltar y según los más ni siquiera existe. Claro que esta empresa tan ambiciosa debe comenzar paradójicamente por un acto de humildad y es más, por un acto de humildad que contradice frente a frente una de las actitudes espirituales más comunes en nuestra época, la de considerar la desventura interesante en grado sumo. Como dice Russell, «las personas que son desdichadas, como las que duermen mal, siempre se enorgullecen de ello». Este es el primer obstáculo a vencer si uno pretende intentar ser feliz, dejar de intentar a toda costa ser «interesante». […]

(Extracto del prólogo de Fernando Savater para La conquista de la felicidad de Bertrand Russell.)

junio 28, 2011

Convencido de dudar o dubitativo del convencimiento

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junio 19, 2011

Feliz ya no

Feliz ya no

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junio 1, 2011

No me mires bailar

Una vez amé -y seguiré amando hasta que entienda- a una mujer que bailaba, pero que reclamaba no ser contemplada mientras tanto. Mal podría yo calificar su danza, que soy una mancuspia sin alma para el arte del movimiento armónico del cuerpo con cierta gracia. Y sin embargo me atrevo a afirmar, sin miedo a pecar hasta el infierno, que ella no era la mejor bailarina de la aldea. Su ánimo de censura despertaba en mí una conducta casi voyeurista. Su deslizar algo torpe y su naturaleza espontanea a toda hora y en cualquier lugar, llamaban a mi más íntima envidia. Yo, el estudiado robot, el eterno pensador, el planificador de lo perfecto, deseaba con fervor insano su desfachatez, esa libertad de equivocarse tan marcada y evidentemente. ¿Cómo no hube de amarla de manera enfermiza? si era lo que nunca tendré…

Auspicia e ilustra este pesar: Little Joy, con Don’t watch me dancing

mayo 23, 2011

Encuesta medio pedorra, pero que alguien debía hacer

Ya sé que a este blog (más pedorro aún que la encuesta) lo visitan dos personas: vos y yo. Así que queda entre nos, sincerate y respondé la posta, comprobemos de una vez y para siempre, con el extremo rigor científico de una encuesta por internet, de qué la vamos.

“Dios te libre, lector, de prólogos largos” cita el cara dura de Borges a Quevedo en alguno de sus interminables prólogos y luego de haber editado su propio libro… ¡de prólogos! (que, por cierto, recomiendo). Así que sin más, te dejo a solas con la pregunta…